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València, València
Licenciado en Historia(orientación moderna y contemporánea)por la Universidad de Alicante- Universitat d´Alacant; doctorando en Historia contemporánea por la Universidad de Granada, en el programa de tercer ciclo "Claves de la Modernidad". Posgraduándo en Estudios Internacionales en la Universitat de València. Analista en Relaciones Internacionales. Escritor y poeta en mi tiempo libre...

miércoles, 5 de marzo de 2008

Los primeros pasos hacia la emancipación de la América española. J. P. Viscardo y Guzmán.

1. Introducción
Desde el mismo momento en que se inició la conquista y colonización de las nuevas tierras a las que Colón llegó buscando una ruta alternativa para arribar a las Indias, se inició una pugna por obtener los mejores y mayores beneficios que podían otorgar estas tierras entre la monarquía castellana y los colonos que partieron hacia estas tierras con miras a emprender una ascenso social que en sus lugares de origen se suponían imposibles. Estas tensiones marcarían de forma estructural la formación de las sociedades que se instalarían en las tierras el continente americano, con las lógicas consecuencias políticas, sociales y económicas.
Los deseos de cada uno de estos actores chocaban, de forma directa o indirecta según el contexto en que se desarrollase, sin cesar a lo largo de todo el proceso de colonización. Pero sería incorrecto pensar que ello se reduciría a la primera o a la segunda generación de colonos, es decir, la de aquellos que llegaban desde la Península Ibérica con el fin de satisfacer sus ansias de poder, riqueza y un nuevos status social, sino que estas pugnas se prolongarían en las sucesivas generaciones, los descendientes, de estos colonos. Ellos, serían los que una vez alcanzado una cierta categoría social, tras haber creado sus propios intereses económicos y comerciales, los que entendían que en sus manos, como habitantes de esos territorios y descendientes de aquellos antepasados que "se retiraron a una distancia inmensa de su país natal renunciando(...) se expusieron a procurarse una subsistencia nueva con las fatigas más enormes" debía quedar la soberanía de esos territorios y, por lo tanto, regir los destinos de su patria, acabando con la opresión a la que se les sometía desde la metrópolis.
A simple vista parecería lógico que si este era el pensamiento de las élites criollas respecto a la metrópoli, desde el mismo momento que tomaran conciencia de sus particularidades y de sus intereses, diferentes a los que emanaban desde la corte peninsular; así como se asimilaran los valores de la Ilustración que por aquella época se desarrollaban en Europa, luchando por la razón y la libertad, se iniciara una lucha abierta por conseguir la libertad en, y la liberación de, los territorios que la Corona castellana, y más tarde la monarquía española, mantenían en ultramar.
Sin embargo, la Historia no es tan lineal y previsible. Las elites criollas no siempre se enfrentaron de forma abierta a la Corona Española. Subsistían, en cambio, otros factores, no siempre tan claros, por los que la adquisición de aquella identidad y aquella divergencia de intereses no conducirían de forma súbita y continuada a la lucha por la emancipación, y que permitiría que España mantuviera su imperio de ultramar de forma prácticamente íntegra, sin sufrir ninguna amenaza serie por parte de los criollos de acabar con el orden establecido, aunque sí hubieran tumultos de forma circunstancial por medidas concretas que se ordenaban desde las metrópolis.
Los factores por la que la marcha hacia la emancipación no comenzaron hasta más bien finales del XVIII son diversos: miedo a crear un vacío de poder que provocara una alteración del orden social; intereses creados entre peninsulares y criollos que no hacía tan claro la existencia de un interés común de todos los indianos; entre tantos otros... Sin embargo, una vez comenzado el movimiento, no hubo marcha atrás...
¿Economía?. ¿política?, ideología?, ¿distinciónes sociales? En este trabajo intentaremos adentrarnos en los múltiples factores que aceleraron unas veces, y ralentizaron otras, el camino hacia la emancipación del Nuevo Mundo. Para acabar realizaré un breve análisis de una de las primeras proclamas abiertamente independentista que vio la luz, obra del exjesuíta J.P. Viscardo y Guzmán.
2. Antecedentes: autonomía o centralización
Durante el periodo de los Austrias Menores(1631-1700) se dio entre el Nuevo Mundo y la metrópoli un proceso de distanciamiento y enfriamiento de las relaciones, que permitió a las élites criollas aumentar progresivamente su poder a partir de diferentes mecanismos, lo cual conllevaba, asimismo, la consecución de un alto grado de autonomía política y económica. Transcurriendo el siglo XVII se dio la política de lo que algunos autores han dado en llamar del consenso colonial. Éste se caracterizaba porque, sin otorgar a las élites indianas una libertad absoluta en la práctica de poder, permitía una cierta descentralización burocrática, entre el Rey y sus súbditos, entre los cuales, la burocracia hacía de intermediario. Es decir, esta situación reflejaba un debilitamiento del poder real que era incapaz de imponerse de una forma clara a las élites criollas.
Ello influiría asimismo en la composición de la burocracia en el Nuevo Mundo. De forma paulatina, se produciría una americanización de la burocracia, es decir, las élites criollas si no por derecho, al menos sí por compra, fueron llegando a diversos cargos de la administración colonial, por lo que "acabaron por dominar el tesoro por lo que las oportunidades de fraude y corrupción aumentaron y las remisiones de rentas públicas a España disminuyeron". Esta situación tuvo su origen en 1633cuando con Felipe IV y de Olivares aprobaron la venta sistemática de cargos, permitiendo a inexpertos y corruptos copar la administración, con lo que si bien evitaban conflictos y rebeliones era a expensas del control imperial.
Sin embargo, desde la llegada de los Borbones a la Península se procedería a un intento de reasunción del poder perdido por parte de la metrópoli. Los Austria habían dejado, como resultado de la construcción patrimonial del Estado un país con provincias unidas, pero no unificadas. Para ello, distintas mediadas serían puestas en práctica por parte del Estado, desde las reformas de las instituciones para que sirviesen de forma efectiva a los intereses centralizadores hasta la variación de los límites politico-administrativos, como la creación del virreinato de Nueva Granada en 1739 o el del Río de la Plata en 1776 , a la limitación, sobretodo impulsada por el ministro de Indias José Gálvez desde 1776, de la participación criolla en la organización burocrática. Ello conllevó una disminución de la autonomía municipal y de la política de consenso en la que hasta el momento se había ido desarrollando en las relaciones criollos-metrópoli, máxime con la creación de los intendentes, que en determinados ámbitos era muy superior a lo que la monarquía borbónica deseaba, lo que, a su vez, dio lugar al descontento indiano que lo entendió como una muestra del despotismo burocrático hispano. El objetivo de desamericanizar la administración solamente sería logrado en parte ya que si bien, como demuestran las cifras, serían los españoles venidos desde la Península los que se harían con la mayor parte de los puestos en la burocracia y la administración(por ejemplo en 1751-1808 solamente el 23%(66 de los 266) de los puestos en audiencias americanas correspondía a criollos), fueron los criollos los que por razón de las necesidades defensivas de los territorios americanos, y ante la falte de españoles dispuestos a venir a estas tierras para servir en el ejército, ocuparon la una posición importante en el mundo militar, que ocasionó "incluso la americanización del cuerpo de oficiales del ejército", dado por la necesidad de vender los cargos militares para aumentar las rentas públicas(en 1788, 51 de los 81 oficiales eran criollos), pues no se creía que ello fuese un peligro para el control imperial ya que este nuevo imperialismo borbónico se basaba más que en una militarización masiva en un complejo entramado administrativo y burocrático.
El territorio americano debía comportarse como una verdadera colonia, cuyo fin no era más que el de favorecer a la metrópoli. Los virreinatos, según el Virrey de Nueva España el conde de Revillagigedo, a cambio de la protección que obtenían de la metrópoli no debían competir con ella en el mercado, pero sí ser un lugar que debía actuar como demandante de los productos, manufacturados o no, que se producían en la Península, a la par que se una fuente barata para la obtención de materias primas. Ello se lograría, bien mediante el monopolio que se ejercería con el comercio, aunque paulatinamente se fuera resquebrajando, por las protestas criollas, bien con la prohibición de producir aquello que la Península podía a exportar a sus colonias.
La anterior política de los Austria basada en una autonomía de facto, tanto en lo político como, relativamente, en lo económico, en la que primaba el consenso frente a la imposición Imperial permanecería en la memoria colectiva de los criollos. Carlos III y su ministro Gálvez pretendían obviar más de un siglo de libertades logradas por los criollos para volver a una sociedad rígidamente dirigida desde la metrópoli, sin tener en cuenta los intereses criollos ni la propia dinámica que había adquirida el Nuevo Mundo. Como advirtió Godoy al respecto: " los pueblos llevan con paciencia la falta de los bienes que no han gozado todavía; pero dados que les han sido adquirido el derecho, y tomado sabor de ellos, no consienten que se los quiten".
Las bases políticas y económicas para el descontento ya se habían puesto. La marcha hacia la emancipación sería cauta, pero imparable.
3. La marcha hacia la emancipación.
3.1. La mentalidad criolla
"Ingratitud, injusticia, servidumbre y desolación". Con tales términos definía el exjesuíta Juan Pablo Viscardo y Guzmán la relación que durante casi tres siglos se había establecido entre la metrópoli y los territorios de ultramar. No sería el único que tuviera esta concepción. En realidad, a principio era más una postura antiespañola, dirigida contra aquellos que venían a usurpar los más altos cargos en la administración y la burocracia que contra la monarquía hispana, a la que rendían toda clase de honores y lealtad. Quizás ello se debiese al miedo que podían sentir ante una hipotética situación de vacío de poder que pudiese alterar el orden social establecido a favor de los más humildes sectores de la sociedad, como los mestizos o los indígenas que todavía quedaban, tal como demuestran las reticencias, o incluso oposición, que sintieron ante la propuesta del presunto descendiente de la monarquía inca Tupac Amaru de reinstaurar un orden justo en América donde todos viviesen como hermanos.
De tal forma, podemos asegurar que lo que querían los criollos era una importante parcela de poder político, la libertad económica y el orden social.
Paulatinamente, ante la incapacidad o falta de interés del gobierno desde la metrópoli de establecer una serie de reformas que satisficieran sus anhelos, los colonos fueron adquiriendo una conciencia propia, a sentirse algo ajeno al conjunto de los reinos hispánicos. Las universidades tuvieron parte de responsabilidad en esta toma de conciencia. La unidad del criterio científico y humanista que fue claro en las universidades americanas las situó en un plano superior respecta a sus homólogas de la Península, conllevó un aumento de la propia estima en detrimento de la que sentían por los españoles. Por su parte, la educación literaria también sería un factor en este proceso. Con unas lecturas que permitían dotar de una base teórica las situaciones de descontento: la Ilustración y el neotomismo.
Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau..., fueron autores sobre los que los criollos fijaron su Mirada con la finalidad de obtener un corpus teórico que justificase sus movimientos en pos de una mayor autonomía, más justa, o incluso la emancipación total. Una de sus máximas las expresó el barón de Montesquieu, para el que aunque las Indias y España fuesen dos potencias bajo un mismo soberano "las Indias eran la principal, mientras que España solo la secundaria". Ante declaraciones de este tipo, los criollos veían crecer su orgullo de ser americanos, diferentes de los españoles peninsulares y se sentían agredidos cuando se sacrificaba "en nombre de la utilidad para la madre patria de forma infame todos nuestros derechos(de los americanos) y de nuestros más preciosos intereses". No solo se veían capaces de deshacerse del control monopolista al que se veían sometidos, sino también las duras condiciones tributarias a las que se veían sometidos con el fin de devolver la grandeza Imperial de la que la Monarquía Hispánica había vivido en tiempos anteriores. Sin embargo, al echar un vistazo sobre los Ilustrados podemos ver que en realidad ninguno de ellos se declaraba abiertamente partidario de la independencia de los diferentes territorios coloniales que los europeos mantenían a lo largo y ancho del globo. Ello era debido al cosmopolitismo de los philosophes, que les hacía sentirse distante de las reivindicaciones nacionales, pues consideraban que el nacionalismo no era una fuerza histórica. En realidad las ansias de independencia de las colonias atrajeron las miradas de una minoría de los ilustrados, entre los que cabe destacar T. Paine y A. Raynal.
Por lo tanto respecto a esta corriente filosófica, hemos de decir que si bien la Ilustración no fue un verdadero motor hacia la emancipación, si fue utilizada de forma tardía como una justificación de las distintas naciones que irían apareciendo de forma paralela al proceso de emancipación, y siempre bajo el control de las élites criollas con el fin de evitar que las masas populares creyeran que eran real los principio revolucionarios de soberanía popular, igualdad, fraternidad..., detestando la degeneración que para estas élites había significado el régimen jacobino en la Francia revolucionaria.
Es justo, de tal modo, decir que este no fue un proceso modernizador tal y como habían sido los movimientos populares guiados por las ideologías de la Ilustración tal como ocurrió en el país galo. Más bien fue un movimiento que, si bien fue emancipador en cuanto al ámbito nacional, no fue emancipador con relación a los distintos grupos sociales que poblaban los territorios de la América Hispana. Es decir, se mantuvieron los mecanismos que permitían que el poder se concentrara en las élites urbanas de tradición occidental, dejando al margen de cualquier aspiración de cambio a las asas más populares formadas por los indígenas, los mestizos y, por supuesto, los esclavos negros.
Otro de los aspectos a destacar de la visión criolla sobre su propio mundo, era el de su concepto de patria. Es decir, si para algunos la patria de los criollos y a la que había que emancipar era el conjunto del continente americano, para la mayoría se trataba principalmente de sus regiones. Era un sentimiento común el no sentirse español, pero en cuanto a las identidades positivas existían diferencias. Chilenos, mexicanos, porteños... o americanos; cada libertador exigía lealtad a aquel concepto que creía conveniente, pero el concepto de América era demasiado vasto y con demasiada diversidad regional como para esperar una lealtad absoluta hacia ella. Pero esto, como decimos era una visión criolla de ese patriotismo o prenacionalismo.
Aquellos que por su parte no tenían intereses políticos ni económicos, la llamada a la lucha por la patria era casi una pérdida de tiempo. Evidentemente, un indígena o un esclavo que estuviese en una situación claramente de inferioridad social frente al hombre blanco, independientemente de que fuese criollo o gachupín, como consecuencia del orden social existente, no se sentiría especialmente atraído hacia una revuelta de carácter nacional, donde a lo único que podría aspirarse era a un cambio de soberanía, pero nunca, tal como demuestra la reacción criolla durante la revuelta de Tupac Amaru y el terror que causó la toma del poder de los jacobinos en la Francia revolucionaria, a una mínima modificación del sistema social. Si bien algunos mestizos e indígenas protagonizaron algún movimiento como el del ya citado Tupac Amaru que tenía una visión radicalmente opuesta a la de los criollos de lo que debería ser la emancipación de su patria, pues a todos los consideraba hermanos y parte de un mismo pueblo, el peruano, independientemente de la condición étnica y, por lo tanto social. Es más, cuando las élites indianas apoyaron movimientos de este tipo acabaron siempre desvinculándose cuando, como ocurrió en repetidas ocasiones, las masas populares lograban hacerse escuchar y se incluían algunas de sus demandas en los programas subversivos que pudiesen hacer peligrar mínimamente el orden establecido. Sin embargo, aunque pocos criollos sintiesen una franca simpatía hacia este tipo de movimientos, una minoría se sintió atraída por ellos, como es el caso del peruano Viscardo y Guzmán, del que trataremos más detalladamente en el siguiente punto de este trabajo.
Un factor más en para comprender este proceso sería el escolasticismo, divulgado en gran parte por los jesuitas, de quienes la monarquía borbónica era una enemiga declarada, por no estar sometidos al control regio. Además de por su creciente poder económico y político, que les había permitido erigir cuasi estados totalmente autónomos en los confines del Imperio. Entre ellos destacó, en su lucha por que se reconociese el derecho de los americanos a disponer de si mismos, el teólogo Francisco Suárez. Éste sostenía que si bien el poder era delegado por Dios con el consentimiento del pueblo, éste puede recuperarse por el pueblo si el soberano no es capaz de preservar el bien común. Esta interpretación del origen y legitimidad del poder tiene puntos en común con las teorías ilustradas del contrato social, en tanto que el poder al ser delegado por Dios se establece un pacto entre los gobernados y el gobernante mediante el cual, cada uno de los firmantes tiene unas obligaciones con respecto al otro. Pero, sin embargo, difiere en un punto importante, el del origen del poder. Más importante fue, sin embargo, la elaboración teórica y la actividad en pos de la creación de una identidad americana, de los jesuitas tras su expulsión en 1767. En este apartado destaca el antiguo jesuita J. Pablo Viscardo y Guzmán, entre otros.
Todos estos elementos fueron confluyendo de forma interesada según el momento, con el fin de ofrecer justificaciones para los procesos de emancipación, pero también para mantener el orden interno según formas tradicionales. Como ejemplo de este sincretismo entre tradición e innovación podemos nombrar la traducción para instruir a las jóvenes generaciones del Contrato Social de Rousseau, por Mario Moreno, que eliminaba los capítulos que trataban de la religión, con el fin de preservar la religión en las diferentes naciones que irían surgiendo, que debería seguir como garante de la estabilidad social.
3.2. El proceso revolucionario
Si las trece colonias de Norteamérica fueron capaces de liberarse del poder tiránico de una gran potencia, como en esos momentos se estaba configurando Gran Bretaña, por qué no iban los hispanoamericanos a ser capaces de emanciparse de una metrópoli cada vez más decadente, que intentaba con grandes esfuerzos dar imagen de ser un potencia de prestigio. Al haber apoyado a estas colonias en su emancipación con respecto a los británicos, la corona española no hizo más que dotar de un nuevo argumento a aquellos, cada día más, que soñaban con una América libre del poder colonial. Desde el momento de su misma creación, los Estados Unidos e América ocuparon un lugar predominante en el imaginario de los criollos e inspiraron toda acción destinada a desestabilizar el poder español en el territorio americano.
La revolución americana era un ejemplo a seguir, pero no ocurría lo mismo con la revolución francesa que llegó a ser despreciada incluso por los sectores más progresistas de la sociedad burguesa. Y fue en este contexto de revoluciones atlánticas donde se desarrollaron los primeros pasos que acabarían por dotar de independencia a lo largo del siglo XIX a todo el continente americano. Si bien es cierto que las primeras rebeliones en el continente americano durante gran parte del siglo XVIII fueron como respuesta a medidas concretas tomadas por la corona, se fue fraguando en cada una de éstas la sensación de que la independencia era la única salvación para los americanos, tal como demuestra la aparición de las primeras proclamas abiertamente independentistas, como es el caso de las que Viscardo publicó aunque bien entrado, durante el siglo XVIII.
Pero fue a partir de la ocupación napoleónica de la península cuando se concibió, quizás por primera alcanzable la emancipación. Si bien en los territorios de ultramar se constituyeron, a imitación de lo que ocurría en la península, juntas provinciales que se declaraban fieles a Fernando VII, con el fin de establecer un gobierno legítimo opuesto al de los Bonaparte, pronto, gracias a la acción de hombres como Bolívar se pasó a demandar la autodeterminación, pues, según decían, el vacío de poder creado en ese contexto, hacía urgir la creación de un poder que resolviese la situación en América. Ello acabó siendo aceptado por la mayoría de las élites, sobretodo para que se evitase cualquier movimiento, desde la base de la pirámide social por el que tanto pavor sentían las élites indianas, que fuese capaz de alterar el orden social establecido.
Es importante en todo este proceso las conexiones de una buena parte de los libertadores, o aspirantes a serlo, con potencias extranjeras como sobretodo la Gran Bretaña. Esta relación no era nueva, ya que si el Imperio Español había seguido unido políticamente a lo largo del XVIII, cada vez fue más evidente y estrecha que la verdadera metrópoli económica era esta nueva potencia emergente.
En el siguiente punto veremos más detenidamente esta relación que se estableció entre colonias y Gran bretaña, a partir del análisis de un hombre y su obra: Juan Pablo Viscardo y Guzmán y su Carta a los americanos españoles por un compatriota
4. Un hombre. Una obra: Viscardo y su Carta a los españoles americanos.
En este tercer apartado realizaremos un análisis de una de las figuras precursoras de estos movimientos, y a sus contextos, que desde finales del XVII y sobretodo en el XIX protagonizarán la lucha por la emancipación. Como es evidente, todo camino comienza por pequeños pasos. Y todo movimiento político comienza siendo minoritario. Pero lo que está claro es que sin la existencia de aquellos que iniciaron un proyecto y plasmaron una utopía en el papel, nunca se hubieran producido los importantes cambios políticos que a lo largo de la Historia se han desarrollado en todas las sociedades. Viscardo y Guzmán es uno de ellos.
3.1. El hombre: Juan Pablo Viscardo.
Juan Pablo Viscardo y Guzmán nace el 20 de junio de 1748 en Pampacolca, cerca de Arequipa, Perú. Siendo muy joven, ingresa junto a su hermano como novicio en la comunidad jesuita. En 1767, el rey de España, Carlos III, destierra de América a más de 5.000 jesuitas por una Pragmática Sanción. Viscardo, a sus 21 años, se encuentra en Massacarrara (Modena), Italia, sin ningún medio de subsistencia. El grupo de jesuitas expulsados de América comparte un mismo destino: tratan primero de encontrar los recursos para sobrevivir y luego de asimilar la injusticia de la cual fueron víctimas así como la situación de dependencia de su tierra. "Los jesuitas expulsos fueron, tal vez, los más eficaces colaboradores en la búsqueda de una conciencia nacional americana" (Gimenez Fernández citado por Vargas Ugarte 1964:15). Viscardo, quien se hace llamar abate Paolo Rossi, se pone al tanto de los eventos de su país y de la América meridional. Sigue "de cerca" los primeros motines de indígenas y de negros como fueron los del movimiento Tupac Amaru en Perú, los Cataris en Bolivia y los Comuneros en Colombia, los cuales tuvieron lugar antes de la Revolución Francesa y antes de que Miranda y otros concibieran la libertad de América. M. Batllori (1952 citado por Vargas Ugarte 1964:11) dice al respecto: "Viscardo no tuvo necesidad de inspirarse en los principios proclamados por los hombres de la Bastilla". Viscardo emprende una serie de gestiones ante el gobierno inglés en busca de ayuda para el levantamiento de América. Llega a Londres en 1782. Sus esfuerzos resultaron inútiles porque en esos momentos Inglaterra negociaba la paz con España. Sin embargo, el gobierno inglés le otorga una pensión de 300 libras. Viscardo muere en Londres, el 10 de febrero de 1798. "Decepcionado por la actitud de los ingleses ante su proyecto, deja todos sus ‘papeles’ a Rufus King, Ministro de los Estados Unidos en la corte de Inglaterra" (Vargas Ugarte 1964:70). Viscardo y, más que él, su Carta fueron objeto de numerosos estudios primero en Perú, y luego en toda América Latina. Vargas Ugarte (1964 :104) reivindica para Viscardo el título de "Precursor" históricamente atribuido a Francisco de Miranda.
3.2. La obra: Carta dirigida a los españoles americanos por un compatriota.
"El Nuevo Mundo es nuestra patria". Así de tajante se muestra Viscardo cuando, en uno de los primeros párrafos se su Carta..., intenta convencer al lector de la necesidad de marchar hafia el autogobierno con el fin de poder defender sus intereses, la de los americanos, frente a la usurpación que desde tres siglos atrás la corona española mantenía del poder que legítmamente habían adquirido los anteàsados, cuando a pesar los peligros los primeros exploradores, aventureros o conquistadores se adentraron más allá, alejándose de aquellos lugres donde la seguriudad era un don, con el fin de ofrecer mayor gloria a su patria original: España(pág. 74 y sigs.).
La Carta... no pretendió nunca ser una obra erudita sobre la situación de la América español, si n que su objetivo era más pasional, pretendía levantar los ánimos hacia una situación que él consideraba de deslealtad por parte de la metrópoli con respecto a los colonos. Para ello expone una doble tradición teórica con el objetivo de expandir entre el mayor número posible de sus compatriotas sus deseos de iniciar un proceso de emancipacón. De tal modo, en ella se combinaban las ansias de autonomía que desde casi inicios de la conquista los criollos reclamaban al sentirse traicionados por "la primera patria de sus padres(...) al usurparles riquezas infinitas de toda naturaleza"(pág 74)con las nuevas idas que la Ilustración había comenzado a expandir por todos las países de la Tierra, sobretodo el concepto de los derechos naturales, entre los cuales destacaba el de que fuesen los propios habitantes de un territorio los que debían gobernar éste y el derecho al libre comercio que provocaría la prosperidad de su pueblo(pág. 75), posiblemente debido a la cada vez mayor influencia que en territorio hispanoamericano causó la revulta que condujo a la libertad de las Trece Colonias de Norteamérica, sin quedar sometidos a la irracional conducta de ser gobernados desde una Corte a miles de millas de distancia. Además, muy probablemente, en Viscardo exista una perspectiva más personal de su odio a la metrópoli ya que, siendo jesuíta fue expulsado con el resto de sus correligionarios a un penoso exilio por Italia, además de que como exiliado, no se le permitió el acceso la herencia a la que al parecer tenía derecho.
Viscardo, a lo largo de toda la Carta..., trata numerosas veces, y a ello hace referencia, la imposibilidad de comerciar de forma libre con ciudadanos de todos los países del mundo que en una situacón de independencia"vendrían a enriquecernos(a los americanos) con su industria, con sus conocimientos..."(pág 94). En este punto cobra importancia una potencia extranjera, que según dijo Viscardo, siempre estaía en conflicto con España pues los intereses de ambas eras, siempre, contrapuestos. Como señala en varias ocasiones David A. Brading en la introducción que realiza a la obra de Viscardo en la edición citada. Gran Bretaña ocupó siempre un lugar especial en una hipotética situación de independencia, pues si bien la metrópoli política seguía siendo España, era éste nación la que tras hacerse paulatinamente con el control de los mares y,por ende, del comercio, se habñia convertido en la metrópoli económica. Es sabido, además, que Viscardo estuvo empleado por el Estado británico, tras la expulsión de la América española, y que éste creía que solamente gracias a la acción de esta nueva gran potencia, mediante una, o diversas expediciones navales que permitieran la ocupación de los principales puertos de la región, sería posible que se iniciase un ciclo revolucionario en toda la América Latina. Es más, en su Esbozo político el propio Viscardo invitaba a la familia real británica a aceptar tronos en América, ante la incapacidad de los americanos españoles de abrazar la ideología republicana(pág. 27).
La misma Carta... fue redactada con el ánimo de que fuese difundida por la marina británica en una de las expediciones que Viscardo proyectaba, y deseaba, en las tierras americanas.
Sin embargo, estos deseos se vieron truncados cuando Esapña y Gran Bretaña, formalizaron una alianza en 1793 contra la Francia revolucionaria. Pero sería sobretodo, con la ocupación de diversas islas españolas ya entrado el siglo XIX cuando se vislumbraría, sin duda, cuales eran los intereses británicos en aquelas tierras.
Otro punto importante en la obra de Viscardo es una cierta ambigüedad respecto a los inígenas y mestizos. Si bien su visión es optimista, alejada de otras visiones de algunos criollos para los que los que éstos no eran superiores a cualquier animal, Viscardo es básicamente, al menos en sus inicios como agitador, un patriota criollo. Vio con buenos ojos la sublevación de Tupac Amaru y pidió en repetidas ocasiones que el gobierno británico tomara cartas en el asunto. Incluso llega a remarcar el hecho de que gran parte de los criollos fueron amamantados por nodrizas indígenas y que es fácil sentirse parte de un mismo pueblo cuando se había crecido aprendiendo la lengua los indios(pág. 39). Sin embargo, como decimos su visión al respecto es un tanto ambigua, pues está demasiado mediatizada como señala Brandig por su calidad de criollo, y en vistas a que en gran parte de su obra su máxima intención es señalar las virtudes de los su clase, se sentía parte de la élite natural, que debía conducir al conjunto de los publos del continente(blancos, indios y mestizos) hacia la liberación respecto a la opresión española.
Viscardo comenzó siendo un patriota criollo, pero acabó siendo algo similar a un philosophe. Cuando escribió la Carta... predominó su faceta criolla, aunque ya despuntaban algunos elementos propios de la Ilustración, pues se basó principalmente en culpar de todos los males de la sociedad indiana a la Corte Española sin realizar ningún tipo de anáisis crítico de la sociedad peruana del momento. De tal modo se mostró incapaz de articular una definición de nación que pudiese haber servido de base a la creación, en ese momento, de un poderoso movimiento nacionalista en busca de la emancipación. Escribía en esta obra que solamente con la Independencia se podría acabar con "la ingratitud, injusticia, servidumbre y desolación"(pág 73) que habían significado los tres siglos de dominación española, y que sería el libre comercio con todas las naciones libres del mundo el promotor de la libertad, la paz y el progreso.
Su nombre fue recupeado de forma tardía. No obstante, hoy figura como el "precursor de la independencia y como un profético testigo del patriotismo criollo"(Branding, pág. 65).



Bibliografía:
- Bastin G. L y Castrillón E. R.: HERMENEUS No.6, 2004.
- Hernández Sánchez-Barbas, M.: Historia de España y América social y económica(dirigida por Vicens Vives, J.), vol. IV: Los Borbones. El siglo XVIII en España y América). Editorial Vicens.Vives, Madrid, 1794.
- Lynch, J.: América Latina, entre colonia y nación.trad. de Enrique Torner. Crítica, Barcelona, 2001.
- Pérez Herrero. P.: América Latina y el colonialismo europeo. ED. Síntesis, Madrid, 2004.
- Reglá Campístol, J.: Emancipación de las colonias españolas; incluído en Historia Universal, vol. XVI: El impacto de la revolución Francesa, Salvat-El País, Madrid, 2004.
- Stein, S. J. y Stein, B. J.: El apogeo del Imperio. España y Nueva España en la era de Carlos III, 1759-1789. Crítica, Barcelona.
- Viscardo y Guzmán, J.P.: Carta dirigida a los Españoles; trad.de David Brading. Fondo de Cultura Económica, México, 2004.

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