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València, València
Licenciado en Historia(orientación moderna y contemporánea)por la Universidad de Alicante- Universitat d´Alacant; doctorando en Historia contemporánea por la Universidad de Granada, en el programa de tercer ciclo "Claves de la Modernidad". Posgraduándo en Estudios Internacionales en la Universitat de València. Analista en Relaciones Internacionales. Escritor y poeta en mi tiempo libre...

jueves, 27 de marzo de 2008

La I República, Entre el centralismo y el federalismo.

1. INTRODUCCIÓN
Desde la Guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz, primera ocasión en la que se proyecta la creación de un Estado Español unitario, centralizado y uniforme bajo la óptica del liberalismo y con un marcado carácter antiabsolutista y opuesto a las formas jurídicas del Antiguo Régimen, el desarrollo de la estructuración territorial de España ha sufrido numerosos vaivenes que no han permitido la consolidación de una forma clara y totalmente aceptada, de ninguna de las alternativas que se ofrecían como receta para formar un Estado viable capaz de amoldarse las exigencias propias de un mundo donde el progreso y la modernización se convierten en el eje clave.
El centralismo, bajo la forma de estado unitario o con tibias formas de descentralización administrativo, pero sin auténtica capacidad de las entidades subestatales para llevar adelante sus proyectos con un mínimo de autonomía; y el federalismo, bien siguiendo para su ejecución razones históricas, delimitando los estados federados en función de las antiguas regiones o reinos históricos, o bien siguiendo las orientaciones más extremistas que preferían la configuración desde abajo según el modelo de los cantones. Otras formas que tuvieron menor implantación, como los partidarios de la confederación, quedaron desde el principio sin un espacio en el que desenvolverse, por la indiferencia general que sus propuestas causaron.
Fue a partir del llamada Sexenio Revolucionario cuando las voces a favor de la instauración de una nueva forma de estrado, la República, comenzaron a hacerse escuchar, cada vez con mayor fuerza. Tras el fracaso del reinado de Amadeo de Saboya, que reinó con el nombre de Amadeo I, las voces críticas con el sistema de búsqueda de un monarca por las diversas cortes europeas, se fueron imponiendo, tanta las procedentes desde el carlismo, como del republicanismo e, incluso, desde los alfonsinos. Los radicales, ante esta tesitura, y viendo que en Francia, ante la incapacidad, similar a la del caso español, de encontrar un ocupante del trono que se considerase válido, se instauró una nueva República, optaron por llevar adelante la reforma hacia la instauración de la Rpública, siendo conscientes de que de no ser así, era más que probable, al menos en su opinión, que ésta sería impuesta por una revolución que, de la manos de los federales, acabarían creando un régimen muy lejano a su ideal de orden.
Fue ya en 1873, momento en que el predominio de los republicanos federales, encabezados pro Pi i Margall, se hizo patente cuando con las nuevas Cortes Constituyentes proclamaron la República Federal, que aunque mantenía las esencia de lo que era el sentir mayoritario de este grupo, hubo de limitarse por los acuerdos que fueron necesarios alcanzar con sectores conservadores, como es el caso de que el federalismo se impusiese desde arriba, y no desde abajo, para intentar que el nuevo régimenr federalista tuviese viabilidad en su aplicación. Ello provocó que los denominados intransigentes abandonaran las Cortes y se lanzaran a la creación de cantones independientes opuestos ala forma en que se estaba desenvolviendo la República Federal oficial. Con todo, como decimos, se llegó a redactar un proyecto de Constitución que nunca fue puesto en práctica.
En este trabajo nos centraremos en este último periodo republicano federal, para analizarlo desde diferentes ópticas. En primer lugar nos centraremos en los obstáculos y las pugnas entre partidarios de la república federal, más concretamente de la mano de dos personajes históricos claves como son Pi i Margall y, con sus diversas argumentaciones; para después realizar un repaso a la propia Constitución inaplicada y a sus artículos relacionados con la organización territorial y el reparto de poder y competencias entre los entes que configurarán la Nación Española.

2. FEDERALISMO VERSUS DESCENTRALIZACIÓN: PI I MARGALL Y GABRIEL RODRÍGUEZ.
Con motivo de La Gloriosa y ante la falta de certezas sobre lo que acaecería con respecto a la sucesión dinástica tras la caída de Isabel II, durante las Sesiones de las Cortes Constituyentes, en los días 18 y 19 de mayo del año 1869, diversos políticos intentaron con sus intervenciones hacer prevalecer su concepción propia sobre lo que debía acontecer con respecto al futuro del Estado. Al parecer dos personajes en éstas tuvieron mayor importancia y mantuvieron, con sendas intervenciones, tiranteces importantes que demuestran el clima de inestabilidad y polarización en el que se encontraba la sociedad española del momento. Gabriel Rodríguez, primero, el día 18 de mayo; y Francisco Pi i Mrgall, después, al día siguiente; se dirigieron a la cámara, como representantes de dos opciones totalmente contrapuestas sobre el modelo territorial a seguir.
2.1. LA INTERVENCIÓN EN CORTES DE GABRIEL RODRÍGUEZ EN DEFENSA DE LA DESCENTRALIZACIÓN.
En su intervención del 18 de mayo de 1869 Gabriel Rodríguez exponía su preferencia, y la de sus seguidores, de establecer un Estado descentralizado, huyendo de cualquier viso de federalismo al que atribuía la malvada cualidad de suponer un proyecto “reaccionario” frente a la “idea de descentralización, que es la idea democrática hoy en España” . Además, en su discurso, Gabriel Rodríguez relaciona en repetidas ocasiones el federalismo con el desorden y la anarquía y expresa su preocupación porque esta idea mantiene una indudable correspondencia con importantes sectores de la obrera AIT, dominada en España por los partidarios de las ideas de Bakunin y de Proudhon, teóricos, ambos, que mantienen posturas proclives al federlismo, pero, en realidad, desde una óptica bastante diferente a las de los republicanos federales, que si bien tenían el apoyo de una parte importante de la clase obrera, sus dirigentes y gran parte de sus partidarios oscilaban más bien entre la baja y la media burguesía urbana .
Junto a esto, el mismo político no dudó en afirmar que si una parte importante de la población había votado en determinadas localidades la opción federalista, ello no se debió sino “a la confusión lamentableque se hace entre estas dos ideas políticas(federalismo o descentralización)” y explica que ello es debido a que “algunas provincias, por ejemplo Cataluña, que quiere conservar el sistema protector contra la opinión de las demás provincias, cree que en llegando a ser un Estado federal conservaría ese sistema, aunque el resto de España se opusiese y no fuera partidario del proteccionismo(...)pues irían contra sus propósitos y contra sus intereses puesto que si ponían las aduanas en su Estado, el resto de España establecería la libertad de comercio, y en lugar de tener asegurado como hoy todo el mercado español, que ahora tienen y que todavía tendrán por algún tiempo monopolizado, los fabricantes no tendrían más mercado que el de su pequeño Estado” . En cambio, opina que “la descentralización es una idea aceptable, que puede dar grandes bienes al país; es la idea democrática(...)quitando atribuciones excesivas al Estado y reintegrando al individuo en todos los derechos que pertenecen a su persona, robusteciendo la acción del individuo, del municipio y la provincia. Y con la descentralización basta para que puedan satisfacerse en España todas las necesidades económicas y sociales sin necesidad de romper la historia de tres siglos para volver a la época en que hubo ocasión de crear la república federal, que es la época de los Reyes Católicos(...) y con la descentralización se dará por medio de las leyes todala vida que deba darse al municipio y a la provincia, para que, sin necesidad de confederaciones artificiosas, vayan realizando sus aspiraciones legítimas y sus derechos, ocupándose el Estado solamente de que se realice la justicia.” .
Estas declaraciones fueron contestadas al día siguiente por el diputado republicano- fedral Pi i Margall, con una orientación claramente distinta.

2.2. LA INTERVENCIÓN EN LAS CORTES CONSTITUYENTES DE PI I MARGALL EN DEFENSA DEL FEDERALISMO.
Al contrario que el diputado anterior Pi i Margall fue siempre un acérrimo defensor de la República como forma de Estado y de la federación como forma de organización territorial y de poder.
En consecuencia, el día 19 de mayo de 1869, Pi i Margall ofreció a la Cámara una batería de motivos por los que era necesaria decantarse no solo por la República, sino que ésta debía ser, además, federal, para de tal modo garantizar las libertades y los derechos de los hombres.
En su intervención elabora argumentos basándose tanto en la razón del pensamiento ilustrado, haciendo continuas referencias a Montesquieu, como a la historia de los diversos estados que han conformado durante el medievo el territorio peninsular.
En relación con las ideas de Montesquieu, el político catalán, no duda en secundar la idea de que “las pequeñas repúblicas suelen ser destruidas por una fuerza exterior, las grandes suelen perecer siempre por un vicio interior” por lo que solamente la república federal otorgaría a la Nación una “forma de gobierno que a las ventajas de la república añade la fuerza exterior de la monarquía”.
Desde las filas contrarias al federalismo se expone que esta forma puede ser válida para unir territorios sin lazos entre ellos, pero no para España, nación en la cual estos lazos existen desde siglos atrás. También para ellos, Pi i Margall tendrá respuesta, pues en su discurso expone, no sin razón, que “esa unidad vino hecha de manera que los peublos no la aprobaron, es decir, vino hecha parte por la conquista, parte por la sucesión y parte por el matrimonio de los reyes(...)y cuando se quiso acabar con los fueros no se pudo alcanzar sino por medio de la violencia(...)y si volvieran a ver en peligro sus fueros, volverían a tirar de la espada”. Por lo tanto para él resulta una obviedad que la unidad a la que se encomiadan los defensores de la mera descentralización administrativa, no es tal, ya que como queda patente en la realidad de cada región se “conservan su sello particular(...)su lengua, sus costumbres su antiguas leyes” . Continúa defendiendo que precisamente ese apego a lo propio es la que hace fuerte a España como Nación, como es el caso de la Guerra de Independencia frente al Imperio Napoleónico, pues “las provincias se constituyeron independientemente de Madrid, formaron juntas, hicieron armamentos(...) lo cual debe probar que existe en España un espíritu provincial que no es un obstáculo para el desarrollo de la unidad nacional.”
Pi cree en la federación de abajo a arriba, y no al revés, siendo ello lo que marca la verdadera diferencia entre el federalismo y la mera descentralización. Con ello, “el Estado en lugar de limitar , es limitado, sin cesar en sus funciones por las provincias mismas. El Estado tiene funciones completamente deslindadas: es hijo de un pacto” . Ello queda claramente demostrado en los dos casos más notorios de repúblicas dotadas de constituciones federales, las norteamericana y la suiza, naciones que precisamente han adoptado esta forma “para hacer más fuerte su unión, para establecer la justicia, para asegurar la tranquilidad y el orden interior, para proveer a la común defensa, para asegurar la independencia del país contra el extranjero...”
Por último en su discurso enumera una serie de ventajas políticas, administrativas, económicas y con respecto al orden social que solamente serían posibles con la instauración de la República federal.
En cuanto a las ventajas políticas, siguiendo de nuevo Montesquieu, señala que con ésta se aleja de los inconvenientes de la república unitaria; porque si acaso un hombre viniese a ser tan poderoso que pudiese ser un peligro para las provincias, éstas se pondrían en guardia contra él, gracias a las fuerzas propias con que cada provincia cuenta” . Es decir, el hecho de que cada provincia tenga un alto margen de autonomía dentro siempre de la unión federal, aseguraría que en caso de que en una provincia hubiese un gobierno tiránico, se evitaría que se extendiese al conjunto, y además, el resto de las provincias actuarían conjuntamente contra éste.
En cuanto al campo de la administración suprimiréis “todas esas ruedas inútiles y complicadas de que tenéis necesidad para mantener enlazado y preso el municipio con la provincia y la provincia con la Nación, ahorrando inmensos gastos en el terreno de la Hacienda, ya uqe cada provincia tendrá sus presupuestos y su sistema tributario adaptado a sus necesidades”
En el terreno económico, expone la situación de las regiones antes y después de que se produjese el proceso de centralización, que acabaría ahogando el progreso y el desarrollo de sus economías, ya que tanto Aragón, como Barcelona, o incluso en Andalucía observa que nunca más se ha conocido “la industria floreciente que en otros tiempos hubo, ni el activo comercio, ni el desarrollo de las ciencas y las artes(...). Haced que cada provincia aproveche los medios de vida que tiene y los elementos de riqueza con que cuenta, y veréis cómo las provincias vuelven a recobrar su antiguo poderío.”
Por último, en cuanto al mantenimiento del orden social, expone que de ningún modo se podrán solucionar los problemas relativos a esto sino siguiendo los “criterios de las diversas provincias en que han surgido, pues las cuestiones sociales son precisamente las que son más fáciles de resolver bajo la jurisdicción de la provincia, y por consiguiente bajo la república federal.

Con toda esta exposición de argumentos, Pi i Margall intentó convencer a sus señorías de las Cortes Constituyentes de la necesidad de progresar hacia una república federal, frente a los deseos, que al final se impusieron, a favor de una monarquía aunque con un importante carácter liberal-democrático que acabaría personificando Amadeo I.
3. LA I REPÚBLICA ESPAÑOLA Y LA CONSTITUCIÓN FEDERAL.
Como hemos comentado más arriba fue la abdicación por parte de Amadeo I “que dió paso a la reunión conjunta del Congreso y del Senado, que asumían en sí el poder supremo y la soberanía de la nación. La mayoría radical de la Asemblea Nacional pactó con la minoría republicana la proclamación de la República y la formación de un nuevo gobierno”. De esta forma se “se procedió a la proclamación de la república el 11 de febrero de 1873” .
En mayo de 1873 se celebraron elecciones destinadas a la formación de unas Cortes Constituyentes, que se saldaron con una amplia mayoría republicano federal, aunque la abstención se situaba en un 60 por ciento, lo cual dejaba la posición de los vencedores lejos de una clara legitimidad para imponer sus decisiones.(...). En estas Cortes se elaboró un proyecto de constitución que sin embargo no llegaría a ser aprobada. Su principal característica residía en la calidad de federal que se le otorgaba a la Nación Español, integrada por diecisiete Estados que se correspondían con las regiones históricas y los territorios coloniales.
Así pues en esta constitución se explicita la formación de España como república federal y como se debía efectuar la división de los poderes y las competencias entre los diferentes entes políticos y administrativos. Ello será tratado en diversos títulos del texto; más concretamente en el Título I, el Título III, el Título XIII y el Título XIV. Sobre Estos vamos a realizar un breve análisis reseñando los artículos más interesantes para comprender el carácter federativo de la Nación.
En el Titulo I, De la Nación Española, la Carta Magna deja patente su vocación de federalidad al exponer claramente que “España se compone de los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia y Regiones Vascongadas”. Y sigue esta línea en su Título III, De los poderes públicos, ya que en su artículo 39 expone que “la forma de gobierno de la Nación Española es la República federal” continuando en el siguiente artículo con “todo lo individual es de la pura competencia del individuo; todo lo municipal es del Municipio; todo lo regional del Estado, y todo lo nacional de la Federación”. Esto parece inspirado en aquel discurso de Pi i Margall en las Cortes Constituyentes de 1869 cuando exponía los diversos entes que formaban la nación, desde el individuo hasta la federación de los diversos Estados. Y así sigue en el artículo 43 que estos entes son “el Municipio, el Estado regional y el Estado federal o Nación.(...)y cada uno de estos reconoce los derechos de la personalidad humana así como los de los diferentes organismos.” Siguiendo de nuevo a Pi i Margall, aquí se evidencia claramente la diferencia entre la descentralización administrativa y la federación, en tanto que “la descentralización es una cosa arbitraria por parte del Estado, y éste es limita las atribuciones de las provincias y, por extensión, del individuo”
En el Título XIII, De los Estados, se especifica la autonomía que cada Estado tiene en materia económico-administrativa y política, siempre que sea compatible con la existencia de la Nación. Se reconoce además, el poder para dotarse de una Constitución interna que les permita y la capacidad de poseer unos gobiernos propios y unas Asambleas legislativas para regir su destino en cuanto a su ámbito interno se refiere., dejando claro en el artículo 95 que “en la elección de los gobiernos y los legisladores no podrá intervenir nunca el Poder federal” lo cual otorga a este régimen un prima mucho más democrático que todos los precedentes y de la mayoría que seguirán después, tras la Restauración.
Además en diversos artículos de este Título se recoge el traspaso de competencias en determinadas materias sociales, como es el caso de la educación, que según el artículo 98 los Estados” tendrán la obligación de conservar un Instituto de Segunda Enseñanza para cada una de las actuales provincias...” lo cual unido a uno de los artículos referido a los municipios da una imagen de la mayor calidad social de la nueva república.
Otro punto importante en cuanto a la organización interna del Estado, en la cual se remarca la autonomía, pero siempre dentro de la legalidad federal son los artículos 101 y 102. En el primero de ellos queda claro que “los Estados constituirán sus Poderes con entera libertad, pero con analogía al tipo federal, y dividiéndolos en los tres fundamentales de legislativo, ejecutivo y judicial”, con la inequívoca intención de evitar cualquier involucionismo que pudiese suponer una vuelta a un régimen no democrático. En 102, como señalábamos, con el mismo fin, de salvaguardar la unidad de la Patria y de la democracia republicana, será necesario que si bien las Constituciones de los Estados regionales serán promulgadas por ellos mismos, será necesario que las mismas sean sancionadas por las Cortes federales para garantizar que “estén respetados los derechos de la personalidad humana, los límites de cada Poder y los preceptos de la Constitución federal”.
Por último, al reconocerse la capacidad de cada Estado de organizarse internamente según su propia voluntad, tal y como se recoge en el Título I, “podrán conservar las actuales provincias o modificarlas, según sus necesidades”.
Por último cabe destacar la forma en que se organizará el poder municipal, especificado en el Título XIV, De los Municipios; en el articulo 106, que se corresponde con el primero del presente título, se explicita que tendrán “en todo lo municipal autonomía administrativa, económica y política” nombrando “por sufragio universal sus gobiernos o sus alcaldes que ejercerán el poder ejecutivo municipal”, lo cual supone un hecho decisivo en la evolución político administrativa del Estado Español, pues hasta ese momento eso jamás había sido posible siendo el hecho más àrtecido lo que ocurrió durante el Trienio Liberal(1820- 1823) durante el cual se permitía la elección de los concejales por sufragio directo, pero no obstante, censitario. Esa autonomía se completará con la libre elección de la composición de los ayuntamientos “que darán reglas sobre los asuntos municipales”, es decir, se encargarán del poder legislativo; así como de los jueces, con lo cual también se precederá a una autonomía en el ambito judicial. El Estado regional habrá de comprometerse con el desarrollo de los municipios, ya que si estos se constituyen en un nivel superior será con el fin de garantizar su bienestar, por lo que sin dudarlo esta entidad habrá de dotar al municipio de “la policía de orden, la administración civil y criminal que les competa”; así como poner en poder del municipio “los caminos vecinales, las calles,los hospitales(...) las rentas, los fondos ylos medios de crédito necesario para la ejecución de todos sus fines”. Además, se establece el artículo 109 que reza sobre la necesidad de que el ente de mayor jerarquía directa, es decir, el Estado regional, servirá de garantía frente a un posible abuso de poder sobre los ciudadanos por parte del municipio.
Pero, además, se introducen artículos que recuerdan que, como un sistema federal que es el que se establece, la autonomía no implica independencia, tal como podemos encontrar, de nuevo, en aquel discurso de Pi i Mrargall, en las que defendía la superioridad del sistema federal. “los pueblos a medida que se van desenvolviendo las relaciones económicas, sienten ciertas necesidades y forman el grupo que se llama provincias(...)con unajerarquía de menor a mayor” . De tal modo, y en función de esa jerarquía que se establece, los municipio serán responsables, y el Estado regional deberá hacer valer su superioridad para que esta responsabilidad se cumpla, por el bien del conjunto, en diversas materias; así expone en el artículos 108que se deberán “sostener escuelas de niños y adultos, dando la instrucción primaria gratuita y obligatoria”, lo cual, como hemos comentado anteriormente, da imagen de la calidad de social que adquiere la administración pública es estos momentos, indudablemente influenciado por las influencia que diversos autores de corte socialista o utópico, como Proudhon, ejercieron sobre las distintas corrientes favorables al federalismo, ya sea desde el ámbito republicano burgués como del socialismo libertario y obrero.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Un visión sobre "La Primavera de Praga"de Miguel Delibes.

Miguel Delibes, autor de La Primavera de Praga, nos cuenta en esta obra los avatares que está viviendo la población checoslovaca por zafarse del régimen dictatorial títere de la poderosa Moscú. Un trance de formación de un nuevo sistema que los propios protagonistas denominan "socialismo de rostro humano". Un socialismo que no coarte la libertad y los derechos del individuo; una democracia que garantice la justicia social más allá de la palabra.
La obra, simulando una conversación entre alguien opuesto a la política socialista y el autor; poco a poco Delibes va desgranando, paso por paso y ámbito por ámbito, las acciones, las esperanzas y las ilusiones de los checoslovacos en su cometido. Pero también los obstáculos, los traspiés y las reacciones de quienes se oponen a la evolución del Régimen, los dogmáticos del Partido(Comunista) y la "todopoderosa" Moscu.
El movimiento aperturista comienza a moverse en el verano de 1967, cuando algunos, la mayoría, de los escritores e intelectuales del país a alzarse en contra de la represión y a favor de las libertades. Poco a poco se unen otros sectores sociales, estudiantes( menos de un diez por ciento es partidario del régimen) y personas de la calle, que con diversas excusas comienza a alborozarse y a enfrentarse a la rigidez monolítica del Partido, el gobierno y el Estado.
Ante el cariz que toma la situación, dos vías o la represión o la reforma. Los progresistas del Comité Central del Partido, consiguen "desmonolitizar" el Régimen separando la Secretaría General del Partido Comunista del cargo de Presidente de la República. Con un rápido movimiento, se consigue que dos progresistas ocupen los dos cargos, Svoboda y Dudcek, respectivamente.
Sin violencia y con un gran sentido de civilismo, evitando dar cualquier pretexto para la intervención de las tropas del Pacto de Varsovia como ocurrió en la Hungría del 56, la evolución comienza a tomar forma. El futuro es de esperanza...
Pero en los días en que se desarrolla La Primavera de Praga, la economía del país está enferma, tal como declaró el presidente de la Unión de Escritores, señor Goldstücker. Colas en supermercados y en gasolineras demuestran que el ensayo de aplicación del socialismo dogmático no avanza en buena dirección. Desde su independencia en 1918, Checoslovaquia fue un Estado de 130.000 kilómetros cuadrados y con 13.000.000 de habitantes. Hoy el país es más pequeño al ser recortado por Rusia, y con 15.000.000 de habitantes, lo que plantea una alta densidad demográfica. Además es una tierra apta para la agricultura desde tiempo atrás y con una tradición importante en cuanto a la industria.
Pero con la implantación del socialismo la nacionalización o estatalización, esto es, el paso a propiedad estatal, de gran parte de la industria y el comercio, y la organización en cooperativas de los grandes latifundios, dependientes del Estado el Estado desempeñará un papel de "Empresario Absoluto", que fracasará en su cometido talcomo demuestra el bajo nivel de vida y la comprometida balanza comercial.
Los motivos son variados, pero quizás sea paradigmático la inexistencia de estímulo, que conduce a la apatía de los agentes productores que no se esforzarán, pues ello no le reportará beneficio; la falta de motivación para la innovación pues una mayor o mejor producción no significará ninguna ventaja a los trabajadores. No importa la habilidad individual. De tal manera dos individuos con el mismo título tendrán los mismo ingresos, independientemente del lugar en que lo hallan obtenido y de su eficacia.
El fracaso se ciñe ante el modelo de socialismo centralizado y rígido que no tiene en cuenta la realidad, sino solamente los postulados teóricos. Delibes se muestra convencido de que en la evolución política social y económica de Checoslovaquia, aquello positivo que tenga el socialismo como sus valores de igualdad, o la garantía de ciertos servicios, serán combinados con la introducción de estímulos en el comercio estatal, el comercio privado y una liberalización de la producción y la comercialización de los centros productores.
Si el Estado es el principal destinatario de los ingresos -reflxiona el autor- lo lógico es que los servicios fuesen, al menos correctos. Pero nada máslejos de la realidad, con unos servicios mediocres, cuando no nefastos, como las pésimas vías de circulación, o los graves problemas de vivienda que no alcanzan las necesidades reales de la población, con esperas de muchos años para poder alojarse en uno de los apartamentos que el Estado arrenda a los ciudadanos. Al preguntar a los ciudadanos dónde van a parar los beneficios de la economía, la respuesta es clara: a la burocracia.
El nivel de vida es bajo, con unos sueldos que rondan desde las 1.000 koronas de un peón a las 3.500 de un Catedrático de Universidad(con 27 koronas un kilo de pollo congelado con algo más de 100 unos zapatos), lo que unido a la no-convertibilidad de la moneda checoslovaca, korona, favorece la existencia de un mercado negro de divisas. Con el nuevo régimen que se está tratando de implantar, los checos pretenden abrir sus contactos comerciales a países del área occidental, despojándose de la dependencia a Rusia, principal sujeto comercial con la Checoslovaquia socialista. Sin embargo, como dejaba claro el Ministro de Asuntos Exteriores, señor Hajek, estos nuevos contactos comerciales "no afectarían a las alianzas con los Estados Socialistas".
El planteamiento sobre el que se desarrolla la economía socialista es correcto: acabar con la explotación del hombre por el hombre. Pero hay que evitar caer en la explotación del hombre por el Estado. La aplicación a ultranza de la doctrina marxista-leninista ha fracasado, y así lo entiende el propio Comité Central de Partido y muchos marxistas checoslovacos. Será necesario seguir buscando un sistema justo de verdad.

Los primeros pasos hacia la emancipación de la América española. J. P. Viscardo y Guzmán.

1. Introducción
Desde el mismo momento en que se inició la conquista y colonización de las nuevas tierras a las que Colón llegó buscando una ruta alternativa para arribar a las Indias, se inició una pugna por obtener los mejores y mayores beneficios que podían otorgar estas tierras entre la monarquía castellana y los colonos que partieron hacia estas tierras con miras a emprender una ascenso social que en sus lugares de origen se suponían imposibles. Estas tensiones marcarían de forma estructural la formación de las sociedades que se instalarían en las tierras el continente americano, con las lógicas consecuencias políticas, sociales y económicas.
Los deseos de cada uno de estos actores chocaban, de forma directa o indirecta según el contexto en que se desarrollase, sin cesar a lo largo de todo el proceso de colonización. Pero sería incorrecto pensar que ello se reduciría a la primera o a la segunda generación de colonos, es decir, la de aquellos que llegaban desde la Península Ibérica con el fin de satisfacer sus ansias de poder, riqueza y un nuevos status social, sino que estas pugnas se prolongarían en las sucesivas generaciones, los descendientes, de estos colonos. Ellos, serían los que una vez alcanzado una cierta categoría social, tras haber creado sus propios intereses económicos y comerciales, los que entendían que en sus manos, como habitantes de esos territorios y descendientes de aquellos antepasados que "se retiraron a una distancia inmensa de su país natal renunciando(...) se expusieron a procurarse una subsistencia nueva con las fatigas más enormes" debía quedar la soberanía de esos territorios y, por lo tanto, regir los destinos de su patria, acabando con la opresión a la que se les sometía desde la metrópolis.
A simple vista parecería lógico que si este era el pensamiento de las élites criollas respecto a la metrópoli, desde el mismo momento que tomaran conciencia de sus particularidades y de sus intereses, diferentes a los que emanaban desde la corte peninsular; así como se asimilaran los valores de la Ilustración que por aquella época se desarrollaban en Europa, luchando por la razón y la libertad, se iniciara una lucha abierta por conseguir la libertad en, y la liberación de, los territorios que la Corona castellana, y más tarde la monarquía española, mantenían en ultramar.
Sin embargo, la Historia no es tan lineal y previsible. Las elites criollas no siempre se enfrentaron de forma abierta a la Corona Española. Subsistían, en cambio, otros factores, no siempre tan claros, por los que la adquisición de aquella identidad y aquella divergencia de intereses no conducirían de forma súbita y continuada a la lucha por la emancipación, y que permitiría que España mantuviera su imperio de ultramar de forma prácticamente íntegra, sin sufrir ninguna amenaza serie por parte de los criollos de acabar con el orden establecido, aunque sí hubieran tumultos de forma circunstancial por medidas concretas que se ordenaban desde las metrópolis.
Los factores por la que la marcha hacia la emancipación no comenzaron hasta más bien finales del XVIII son diversos: miedo a crear un vacío de poder que provocara una alteración del orden social; intereses creados entre peninsulares y criollos que no hacía tan claro la existencia de un interés común de todos los indianos; entre tantos otros... Sin embargo, una vez comenzado el movimiento, no hubo marcha atrás...
¿Economía?. ¿política?, ideología?, ¿distinciónes sociales? En este trabajo intentaremos adentrarnos en los múltiples factores que aceleraron unas veces, y ralentizaron otras, el camino hacia la emancipación del Nuevo Mundo. Para acabar realizaré un breve análisis de una de las primeras proclamas abiertamente independentista que vio la luz, obra del exjesuíta J.P. Viscardo y Guzmán.
2. Antecedentes: autonomía o centralización
Durante el periodo de los Austrias Menores(1631-1700) se dio entre el Nuevo Mundo y la metrópoli un proceso de distanciamiento y enfriamiento de las relaciones, que permitió a las élites criollas aumentar progresivamente su poder a partir de diferentes mecanismos, lo cual conllevaba, asimismo, la consecución de un alto grado de autonomía política y económica. Transcurriendo el siglo XVII se dio la política de lo que algunos autores han dado en llamar del consenso colonial. Éste se caracterizaba porque, sin otorgar a las élites indianas una libertad absoluta en la práctica de poder, permitía una cierta descentralización burocrática, entre el Rey y sus súbditos, entre los cuales, la burocracia hacía de intermediario. Es decir, esta situación reflejaba un debilitamiento del poder real que era incapaz de imponerse de una forma clara a las élites criollas.
Ello influiría asimismo en la composición de la burocracia en el Nuevo Mundo. De forma paulatina, se produciría una americanización de la burocracia, es decir, las élites criollas si no por derecho, al menos sí por compra, fueron llegando a diversos cargos de la administración colonial, por lo que "acabaron por dominar el tesoro por lo que las oportunidades de fraude y corrupción aumentaron y las remisiones de rentas públicas a España disminuyeron". Esta situación tuvo su origen en 1633cuando con Felipe IV y de Olivares aprobaron la venta sistemática de cargos, permitiendo a inexpertos y corruptos copar la administración, con lo que si bien evitaban conflictos y rebeliones era a expensas del control imperial.
Sin embargo, desde la llegada de los Borbones a la Península se procedería a un intento de reasunción del poder perdido por parte de la metrópoli. Los Austria habían dejado, como resultado de la construcción patrimonial del Estado un país con provincias unidas, pero no unificadas. Para ello, distintas mediadas serían puestas en práctica por parte del Estado, desde las reformas de las instituciones para que sirviesen de forma efectiva a los intereses centralizadores hasta la variación de los límites politico-administrativos, como la creación del virreinato de Nueva Granada en 1739 o el del Río de la Plata en 1776 , a la limitación, sobretodo impulsada por el ministro de Indias José Gálvez desde 1776, de la participación criolla en la organización burocrática. Ello conllevó una disminución de la autonomía municipal y de la política de consenso en la que hasta el momento se había ido desarrollando en las relaciones criollos-metrópoli, máxime con la creación de los intendentes, que en determinados ámbitos era muy superior a lo que la monarquía borbónica deseaba, lo que, a su vez, dio lugar al descontento indiano que lo entendió como una muestra del despotismo burocrático hispano. El objetivo de desamericanizar la administración solamente sería logrado en parte ya que si bien, como demuestran las cifras, serían los españoles venidos desde la Península los que se harían con la mayor parte de los puestos en la burocracia y la administración(por ejemplo en 1751-1808 solamente el 23%(66 de los 266) de los puestos en audiencias americanas correspondía a criollos), fueron los criollos los que por razón de las necesidades defensivas de los territorios americanos, y ante la falte de españoles dispuestos a venir a estas tierras para servir en el ejército, ocuparon la una posición importante en el mundo militar, que ocasionó "incluso la americanización del cuerpo de oficiales del ejército", dado por la necesidad de vender los cargos militares para aumentar las rentas públicas(en 1788, 51 de los 81 oficiales eran criollos), pues no se creía que ello fuese un peligro para el control imperial ya que este nuevo imperialismo borbónico se basaba más que en una militarización masiva en un complejo entramado administrativo y burocrático.
El territorio americano debía comportarse como una verdadera colonia, cuyo fin no era más que el de favorecer a la metrópoli. Los virreinatos, según el Virrey de Nueva España el conde de Revillagigedo, a cambio de la protección que obtenían de la metrópoli no debían competir con ella en el mercado, pero sí ser un lugar que debía actuar como demandante de los productos, manufacturados o no, que se producían en la Península, a la par que se una fuente barata para la obtención de materias primas. Ello se lograría, bien mediante el monopolio que se ejercería con el comercio, aunque paulatinamente se fuera resquebrajando, por las protestas criollas, bien con la prohibición de producir aquello que la Península podía a exportar a sus colonias.
La anterior política de los Austria basada en una autonomía de facto, tanto en lo político como, relativamente, en lo económico, en la que primaba el consenso frente a la imposición Imperial permanecería en la memoria colectiva de los criollos. Carlos III y su ministro Gálvez pretendían obviar más de un siglo de libertades logradas por los criollos para volver a una sociedad rígidamente dirigida desde la metrópoli, sin tener en cuenta los intereses criollos ni la propia dinámica que había adquirida el Nuevo Mundo. Como advirtió Godoy al respecto: " los pueblos llevan con paciencia la falta de los bienes que no han gozado todavía; pero dados que les han sido adquirido el derecho, y tomado sabor de ellos, no consienten que se los quiten".
Las bases políticas y económicas para el descontento ya se habían puesto. La marcha hacia la emancipación sería cauta, pero imparable.
3. La marcha hacia la emancipación.
3.1. La mentalidad criolla
"Ingratitud, injusticia, servidumbre y desolación". Con tales términos definía el exjesuíta Juan Pablo Viscardo y Guzmán la relación que durante casi tres siglos se había establecido entre la metrópoli y los territorios de ultramar. No sería el único que tuviera esta concepción. En realidad, a principio era más una postura antiespañola, dirigida contra aquellos que venían a usurpar los más altos cargos en la administración y la burocracia que contra la monarquía hispana, a la que rendían toda clase de honores y lealtad. Quizás ello se debiese al miedo que podían sentir ante una hipotética situación de vacío de poder que pudiese alterar el orden social establecido a favor de los más humildes sectores de la sociedad, como los mestizos o los indígenas que todavía quedaban, tal como demuestran las reticencias, o incluso oposición, que sintieron ante la propuesta del presunto descendiente de la monarquía inca Tupac Amaru de reinstaurar un orden justo en América donde todos viviesen como hermanos.
De tal forma, podemos asegurar que lo que querían los criollos era una importante parcela de poder político, la libertad económica y el orden social.
Paulatinamente, ante la incapacidad o falta de interés del gobierno desde la metrópoli de establecer una serie de reformas que satisficieran sus anhelos, los colonos fueron adquiriendo una conciencia propia, a sentirse algo ajeno al conjunto de los reinos hispánicos. Las universidades tuvieron parte de responsabilidad en esta toma de conciencia. La unidad del criterio científico y humanista que fue claro en las universidades americanas las situó en un plano superior respecta a sus homólogas de la Península, conllevó un aumento de la propia estima en detrimento de la que sentían por los españoles. Por su parte, la educación literaria también sería un factor en este proceso. Con unas lecturas que permitían dotar de una base teórica las situaciones de descontento: la Ilustración y el neotomismo.
Hobbes, Locke, Montesquieu, Rousseau..., fueron autores sobre los que los criollos fijaron su Mirada con la finalidad de obtener un corpus teórico que justificase sus movimientos en pos de una mayor autonomía, más justa, o incluso la emancipación total. Una de sus máximas las expresó el barón de Montesquieu, para el que aunque las Indias y España fuesen dos potencias bajo un mismo soberano "las Indias eran la principal, mientras que España solo la secundaria". Ante declaraciones de este tipo, los criollos veían crecer su orgullo de ser americanos, diferentes de los españoles peninsulares y se sentían agredidos cuando se sacrificaba "en nombre de la utilidad para la madre patria de forma infame todos nuestros derechos(de los americanos) y de nuestros más preciosos intereses". No solo se veían capaces de deshacerse del control monopolista al que se veían sometidos, sino también las duras condiciones tributarias a las que se veían sometidos con el fin de devolver la grandeza Imperial de la que la Monarquía Hispánica había vivido en tiempos anteriores. Sin embargo, al echar un vistazo sobre los Ilustrados podemos ver que en realidad ninguno de ellos se declaraba abiertamente partidario de la independencia de los diferentes territorios coloniales que los europeos mantenían a lo largo y ancho del globo. Ello era debido al cosmopolitismo de los philosophes, que les hacía sentirse distante de las reivindicaciones nacionales, pues consideraban que el nacionalismo no era una fuerza histórica. En realidad las ansias de independencia de las colonias atrajeron las miradas de una minoría de los ilustrados, entre los que cabe destacar T. Paine y A. Raynal.
Por lo tanto respecto a esta corriente filosófica, hemos de decir que si bien la Ilustración no fue un verdadero motor hacia la emancipación, si fue utilizada de forma tardía como una justificación de las distintas naciones que irían apareciendo de forma paralela al proceso de emancipación, y siempre bajo el control de las élites criollas con el fin de evitar que las masas populares creyeran que eran real los principio revolucionarios de soberanía popular, igualdad, fraternidad..., detestando la degeneración que para estas élites había significado el régimen jacobino en la Francia revolucionaria.
Es justo, de tal modo, decir que este no fue un proceso modernizador tal y como habían sido los movimientos populares guiados por las ideologías de la Ilustración tal como ocurrió en el país galo. Más bien fue un movimiento que, si bien fue emancipador en cuanto al ámbito nacional, no fue emancipador con relación a los distintos grupos sociales que poblaban los territorios de la América Hispana. Es decir, se mantuvieron los mecanismos que permitían que el poder se concentrara en las élites urbanas de tradición occidental, dejando al margen de cualquier aspiración de cambio a las asas más populares formadas por los indígenas, los mestizos y, por supuesto, los esclavos negros.
Otro de los aspectos a destacar de la visión criolla sobre su propio mundo, era el de su concepto de patria. Es decir, si para algunos la patria de los criollos y a la que había que emancipar era el conjunto del continente americano, para la mayoría se trataba principalmente de sus regiones. Era un sentimiento común el no sentirse español, pero en cuanto a las identidades positivas existían diferencias. Chilenos, mexicanos, porteños... o americanos; cada libertador exigía lealtad a aquel concepto que creía conveniente, pero el concepto de América era demasiado vasto y con demasiada diversidad regional como para esperar una lealtad absoluta hacia ella. Pero esto, como decimos era una visión criolla de ese patriotismo o prenacionalismo.
Aquellos que por su parte no tenían intereses políticos ni económicos, la llamada a la lucha por la patria era casi una pérdida de tiempo. Evidentemente, un indígena o un esclavo que estuviese en una situación claramente de inferioridad social frente al hombre blanco, independientemente de que fuese criollo o gachupín, como consecuencia del orden social existente, no se sentiría especialmente atraído hacia una revuelta de carácter nacional, donde a lo único que podría aspirarse era a un cambio de soberanía, pero nunca, tal como demuestra la reacción criolla durante la revuelta de Tupac Amaru y el terror que causó la toma del poder de los jacobinos en la Francia revolucionaria, a una mínima modificación del sistema social. Si bien algunos mestizos e indígenas protagonizaron algún movimiento como el del ya citado Tupac Amaru que tenía una visión radicalmente opuesta a la de los criollos de lo que debería ser la emancipación de su patria, pues a todos los consideraba hermanos y parte de un mismo pueblo, el peruano, independientemente de la condición étnica y, por lo tanto social. Es más, cuando las élites indianas apoyaron movimientos de este tipo acabaron siempre desvinculándose cuando, como ocurrió en repetidas ocasiones, las masas populares lograban hacerse escuchar y se incluían algunas de sus demandas en los programas subversivos que pudiesen hacer peligrar mínimamente el orden establecido. Sin embargo, aunque pocos criollos sintiesen una franca simpatía hacia este tipo de movimientos, una minoría se sintió atraída por ellos, como es el caso del peruano Viscardo y Guzmán, del que trataremos más detalladamente en el siguiente punto de este trabajo.
Un factor más en para comprender este proceso sería el escolasticismo, divulgado en gran parte por los jesuitas, de quienes la monarquía borbónica era una enemiga declarada, por no estar sometidos al control regio. Además de por su creciente poder económico y político, que les había permitido erigir cuasi estados totalmente autónomos en los confines del Imperio. Entre ellos destacó, en su lucha por que se reconociese el derecho de los americanos a disponer de si mismos, el teólogo Francisco Suárez. Éste sostenía que si bien el poder era delegado por Dios con el consentimiento del pueblo, éste puede recuperarse por el pueblo si el soberano no es capaz de preservar el bien común. Esta interpretación del origen y legitimidad del poder tiene puntos en común con las teorías ilustradas del contrato social, en tanto que el poder al ser delegado por Dios se establece un pacto entre los gobernados y el gobernante mediante el cual, cada uno de los firmantes tiene unas obligaciones con respecto al otro. Pero, sin embargo, difiere en un punto importante, el del origen del poder. Más importante fue, sin embargo, la elaboración teórica y la actividad en pos de la creación de una identidad americana, de los jesuitas tras su expulsión en 1767. En este apartado destaca el antiguo jesuita J. Pablo Viscardo y Guzmán, entre otros.
Todos estos elementos fueron confluyendo de forma interesada según el momento, con el fin de ofrecer justificaciones para los procesos de emancipación, pero también para mantener el orden interno según formas tradicionales. Como ejemplo de este sincretismo entre tradición e innovación podemos nombrar la traducción para instruir a las jóvenes generaciones del Contrato Social de Rousseau, por Mario Moreno, que eliminaba los capítulos que trataban de la religión, con el fin de preservar la religión en las diferentes naciones que irían surgiendo, que debería seguir como garante de la estabilidad social.
3.2. El proceso revolucionario
Si las trece colonias de Norteamérica fueron capaces de liberarse del poder tiránico de una gran potencia, como en esos momentos se estaba configurando Gran Bretaña, por qué no iban los hispanoamericanos a ser capaces de emanciparse de una metrópoli cada vez más decadente, que intentaba con grandes esfuerzos dar imagen de ser un potencia de prestigio. Al haber apoyado a estas colonias en su emancipación con respecto a los británicos, la corona española no hizo más que dotar de un nuevo argumento a aquellos, cada día más, que soñaban con una América libre del poder colonial. Desde el momento de su misma creación, los Estados Unidos e América ocuparon un lugar predominante en el imaginario de los criollos e inspiraron toda acción destinada a desestabilizar el poder español en el territorio americano.
La revolución americana era un ejemplo a seguir, pero no ocurría lo mismo con la revolución francesa que llegó a ser despreciada incluso por los sectores más progresistas de la sociedad burguesa. Y fue en este contexto de revoluciones atlánticas donde se desarrollaron los primeros pasos que acabarían por dotar de independencia a lo largo del siglo XIX a todo el continente americano. Si bien es cierto que las primeras rebeliones en el continente americano durante gran parte del siglo XVIII fueron como respuesta a medidas concretas tomadas por la corona, se fue fraguando en cada una de éstas la sensación de que la independencia era la única salvación para los americanos, tal como demuestra la aparición de las primeras proclamas abiertamente independentistas, como es el caso de las que Viscardo publicó aunque bien entrado, durante el siglo XVIII.
Pero fue a partir de la ocupación napoleónica de la península cuando se concibió, quizás por primera alcanzable la emancipación. Si bien en los territorios de ultramar se constituyeron, a imitación de lo que ocurría en la península, juntas provinciales que se declaraban fieles a Fernando VII, con el fin de establecer un gobierno legítimo opuesto al de los Bonaparte, pronto, gracias a la acción de hombres como Bolívar se pasó a demandar la autodeterminación, pues, según decían, el vacío de poder creado en ese contexto, hacía urgir la creación de un poder que resolviese la situación en América. Ello acabó siendo aceptado por la mayoría de las élites, sobretodo para que se evitase cualquier movimiento, desde la base de la pirámide social por el que tanto pavor sentían las élites indianas, que fuese capaz de alterar el orden social establecido.
Es importante en todo este proceso las conexiones de una buena parte de los libertadores, o aspirantes a serlo, con potencias extranjeras como sobretodo la Gran Bretaña. Esta relación no era nueva, ya que si el Imperio Español había seguido unido políticamente a lo largo del XVIII, cada vez fue más evidente y estrecha que la verdadera metrópoli económica era esta nueva potencia emergente.
En el siguiente punto veremos más detenidamente esta relación que se estableció entre colonias y Gran bretaña, a partir del análisis de un hombre y su obra: Juan Pablo Viscardo y Guzmán y su Carta a los americanos españoles por un compatriota
4. Un hombre. Una obra: Viscardo y su Carta a los españoles americanos.
En este tercer apartado realizaremos un análisis de una de las figuras precursoras de estos movimientos, y a sus contextos, que desde finales del XVII y sobretodo en el XIX protagonizarán la lucha por la emancipación. Como es evidente, todo camino comienza por pequeños pasos. Y todo movimiento político comienza siendo minoritario. Pero lo que está claro es que sin la existencia de aquellos que iniciaron un proyecto y plasmaron una utopía en el papel, nunca se hubieran producido los importantes cambios políticos que a lo largo de la Historia se han desarrollado en todas las sociedades. Viscardo y Guzmán es uno de ellos.
3.1. El hombre: Juan Pablo Viscardo.
Juan Pablo Viscardo y Guzmán nace el 20 de junio de 1748 en Pampacolca, cerca de Arequipa, Perú. Siendo muy joven, ingresa junto a su hermano como novicio en la comunidad jesuita. En 1767, el rey de España, Carlos III, destierra de América a más de 5.000 jesuitas por una Pragmática Sanción. Viscardo, a sus 21 años, se encuentra en Massacarrara (Modena), Italia, sin ningún medio de subsistencia. El grupo de jesuitas expulsados de América comparte un mismo destino: tratan primero de encontrar los recursos para sobrevivir y luego de asimilar la injusticia de la cual fueron víctimas así como la situación de dependencia de su tierra. "Los jesuitas expulsos fueron, tal vez, los más eficaces colaboradores en la búsqueda de una conciencia nacional americana" (Gimenez Fernández citado por Vargas Ugarte 1964:15). Viscardo, quien se hace llamar abate Paolo Rossi, se pone al tanto de los eventos de su país y de la América meridional. Sigue "de cerca" los primeros motines de indígenas y de negros como fueron los del movimiento Tupac Amaru en Perú, los Cataris en Bolivia y los Comuneros en Colombia, los cuales tuvieron lugar antes de la Revolución Francesa y antes de que Miranda y otros concibieran la libertad de América. M. Batllori (1952 citado por Vargas Ugarte 1964:11) dice al respecto: "Viscardo no tuvo necesidad de inspirarse en los principios proclamados por los hombres de la Bastilla". Viscardo emprende una serie de gestiones ante el gobierno inglés en busca de ayuda para el levantamiento de América. Llega a Londres en 1782. Sus esfuerzos resultaron inútiles porque en esos momentos Inglaterra negociaba la paz con España. Sin embargo, el gobierno inglés le otorga una pensión de 300 libras. Viscardo muere en Londres, el 10 de febrero de 1798. "Decepcionado por la actitud de los ingleses ante su proyecto, deja todos sus ‘papeles’ a Rufus King, Ministro de los Estados Unidos en la corte de Inglaterra" (Vargas Ugarte 1964:70). Viscardo y, más que él, su Carta fueron objeto de numerosos estudios primero en Perú, y luego en toda América Latina. Vargas Ugarte (1964 :104) reivindica para Viscardo el título de "Precursor" históricamente atribuido a Francisco de Miranda.
3.2. La obra: Carta dirigida a los españoles americanos por un compatriota.
"El Nuevo Mundo es nuestra patria". Así de tajante se muestra Viscardo cuando, en uno de los primeros párrafos se su Carta..., intenta convencer al lector de la necesidad de marchar hafia el autogobierno con el fin de poder defender sus intereses, la de los americanos, frente a la usurpación que desde tres siglos atrás la corona española mantenía del poder que legítmamente habían adquirido los anteàsados, cuando a pesar los peligros los primeros exploradores, aventureros o conquistadores se adentraron más allá, alejándose de aquellos lugres donde la seguriudad era un don, con el fin de ofrecer mayor gloria a su patria original: España(pág. 74 y sigs.).
La Carta... no pretendió nunca ser una obra erudita sobre la situación de la América español, si n que su objetivo era más pasional, pretendía levantar los ánimos hacia una situación que él consideraba de deslealtad por parte de la metrópoli con respecto a los colonos. Para ello expone una doble tradición teórica con el objetivo de expandir entre el mayor número posible de sus compatriotas sus deseos de iniciar un proceso de emancipacón. De tal modo, en ella se combinaban las ansias de autonomía que desde casi inicios de la conquista los criollos reclamaban al sentirse traicionados por "la primera patria de sus padres(...) al usurparles riquezas infinitas de toda naturaleza"(pág 74)con las nuevas idas que la Ilustración había comenzado a expandir por todos las países de la Tierra, sobretodo el concepto de los derechos naturales, entre los cuales destacaba el de que fuesen los propios habitantes de un territorio los que debían gobernar éste y el derecho al libre comercio que provocaría la prosperidad de su pueblo(pág. 75), posiblemente debido a la cada vez mayor influencia que en territorio hispanoamericano causó la revulta que condujo a la libertad de las Trece Colonias de Norteamérica, sin quedar sometidos a la irracional conducta de ser gobernados desde una Corte a miles de millas de distancia. Además, muy probablemente, en Viscardo exista una perspectiva más personal de su odio a la metrópoli ya que, siendo jesuíta fue expulsado con el resto de sus correligionarios a un penoso exilio por Italia, además de que como exiliado, no se le permitió el acceso la herencia a la que al parecer tenía derecho.
Viscardo, a lo largo de toda la Carta..., trata numerosas veces, y a ello hace referencia, la imposibilidad de comerciar de forma libre con ciudadanos de todos los países del mundo que en una situacón de independencia"vendrían a enriquecernos(a los americanos) con su industria, con sus conocimientos..."(pág 94). En este punto cobra importancia una potencia extranjera, que según dijo Viscardo, siempre estaía en conflicto con España pues los intereses de ambas eras, siempre, contrapuestos. Como señala en varias ocasiones David A. Brading en la introducción que realiza a la obra de Viscardo en la edición citada. Gran Bretaña ocupó siempre un lugar especial en una hipotética situación de independencia, pues si bien la metrópoli política seguía siendo España, era éste nación la que tras hacerse paulatinamente con el control de los mares y,por ende, del comercio, se habñia convertido en la metrópoli económica. Es sabido, además, que Viscardo estuvo empleado por el Estado británico, tras la expulsión de la América española, y que éste creía que solamente gracias a la acción de esta nueva gran potencia, mediante una, o diversas expediciones navales que permitieran la ocupación de los principales puertos de la región, sería posible que se iniciase un ciclo revolucionario en toda la América Latina. Es más, en su Esbozo político el propio Viscardo invitaba a la familia real británica a aceptar tronos en América, ante la incapacidad de los americanos españoles de abrazar la ideología republicana(pág. 27).
La misma Carta... fue redactada con el ánimo de que fuese difundida por la marina británica en una de las expediciones que Viscardo proyectaba, y deseaba, en las tierras americanas.
Sin embargo, estos deseos se vieron truncados cuando Esapña y Gran Bretaña, formalizaron una alianza en 1793 contra la Francia revolucionaria. Pero sería sobretodo, con la ocupación de diversas islas españolas ya entrado el siglo XIX cuando se vislumbraría, sin duda, cuales eran los intereses británicos en aquelas tierras.
Otro punto importante en la obra de Viscardo es una cierta ambigüedad respecto a los inígenas y mestizos. Si bien su visión es optimista, alejada de otras visiones de algunos criollos para los que los que éstos no eran superiores a cualquier animal, Viscardo es básicamente, al menos en sus inicios como agitador, un patriota criollo. Vio con buenos ojos la sublevación de Tupac Amaru y pidió en repetidas ocasiones que el gobierno británico tomara cartas en el asunto. Incluso llega a remarcar el hecho de que gran parte de los criollos fueron amamantados por nodrizas indígenas y que es fácil sentirse parte de un mismo pueblo cuando se había crecido aprendiendo la lengua los indios(pág. 39). Sin embargo, como decimos su visión al respecto es un tanto ambigua, pues está demasiado mediatizada como señala Brandig por su calidad de criollo, y en vistas a que en gran parte de su obra su máxima intención es señalar las virtudes de los su clase, se sentía parte de la élite natural, que debía conducir al conjunto de los publos del continente(blancos, indios y mestizos) hacia la liberación respecto a la opresión española.
Viscardo comenzó siendo un patriota criollo, pero acabó siendo algo similar a un philosophe. Cuando escribió la Carta... predominó su faceta criolla, aunque ya despuntaban algunos elementos propios de la Ilustración, pues se basó principalmente en culpar de todos los males de la sociedad indiana a la Corte Española sin realizar ningún tipo de anáisis crítico de la sociedad peruana del momento. De tal modo se mostró incapaz de articular una definición de nación que pudiese haber servido de base a la creación, en ese momento, de un poderoso movimiento nacionalista en busca de la emancipación. Escribía en esta obra que solamente con la Independencia se podría acabar con "la ingratitud, injusticia, servidumbre y desolación"(pág 73) que habían significado los tres siglos de dominación española, y que sería el libre comercio con todas las naciones libres del mundo el promotor de la libertad, la paz y el progreso.
Su nombre fue recupeado de forma tardía. No obstante, hoy figura como el "precursor de la independencia y como un profético testigo del patriotismo criollo"(Branding, pág. 65).



Bibliografía:
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